Select: Más allá de los aranceles; la revisión del T-MEC y la ruptura entre Canadá y Estados Unidos

Por Alan Adolfo López Arenas, analista de Select.

Infografía de una línea de tiempo horizontal sobre fondo blanco que traza el calendario de revisión del T-MEC, destacando nodos clave desde julio de 2020 hasta 2036 con anotaciones en verde y naranja sobre rondas de negociación y consultas públicas.
Esquema cronológico elaborado por Select que muestra el desarrollo del proceso de revisión formal del T-MEC y sus implicaciones para la inversión en América del Norte.

El T-MEC sigue vigente, pero deberá revisarse año con año hasta 2036 si las partes no acuerdan una extensión formal, lo que mantiene una fuente de incertidumbre para las empresas que planean inversiones de largo plazo en la región. En Select damos seguimiento a este proceso porque la integración comercial de América del Norte no solo determina flujos de bienes, sino también decisiones de inversión, localización de capacidades productivas y demanda de infraestructura tecnológica.

La negociación entre México y Estados Unidos muestra un avance relativamente ordenado. Ambos países han optado por abordar temas específicos —acero, aluminio, reglas de origen, contenido regional— sin escalar hacia una disputa arancelaria generalizada. México conserva trato preferencial para más de 80% de sus exportaciones hacia Estados Unidos y, de acuerdo con representantes del sector empresarial binacional, las conversaciones podrían derivar en un entendimiento hacia finales de 2026[2].

El escenario con Canadá es más complejo. Las negociaciones bilaterales con Washington se deterioraron en agosto y terminaron con un arancel estadounidense de 50% sobre productos canadienses por cerca de 20 mil millones de dólares[3]. El primer ministro Mark Carney calificó la propuesta de “mal acuerdo” y prometió represalias “dólar por dólar”, promesa que Canadá cumplió el 8 de septiembre con aranceles de entre 15% y 50% sobre productos estadounidenses, incluidos electrónicos, electrodomésticos, maquinaria, acero y lácteos[4]. La escalada incrementa la incertidumbre sobre el futuro de la integración comercial de América del Norte.

La magnitud de la disputa refleja también una fuerte asimetría comercial. En 2025, 71.7% de las exportaciones canadienses tuvo como destino Estados Unidos, y 58.8% de sus importaciones provino de ese país; para Washington, la dependencia es mucho menor. Esta diferencia explica el mayor margen de presión estadounidense y la decisión de Canadá de responder de forma proporcional, mientras busca diversificar gradualmente sus relaciones comerciales.

Figura 2: Dependencia comercial Canadá-Estados Unidos, 2025Mark Carney ha intentado matizar esa narrativa apelando a la dependencia energética inversa: Canadá suministra 99% de las importaciones estadounidenses de gas natural, 85% de las de electricidad, 60% de las de petróleo crudo y más de 80% de la potasa que usan los agricultores de Estados Unidos[7]. Pese a ello, su gobierno ha descartado usar la energía como arma de negociación y en su lugar impulsa diversificar sus exportaciones hacia Asia y Medio Oriente.

Para México, el riesgo no es solo lo que ocurra con Canadá, sino los precedentes que deje esta revisión: cualquier condición que Washington logre imponer en reglas de origen, contenido regional o sectores estratégicos podría convertirse en referencia para las conversaciones con México. Para el mercado TIC, el efecto es ambivalente. Una mayor integración regional podría impulsar inversión en manufactura de electrónicos, semiconductores, centros de datos y telecomunicaciones, además de reforzar a México como destino de nearshoring tecnológico; pero más incertidumbre comercial también podría retrasar proyectos, encarecer componentes importados o modificar decisiones sobre dónde localizar nueva capacidad productiva.

Todavía es pronto para saber cuál escenario prevalecerá: la negociación entre Washington y Ottawa puede retomarse y México conserva margen para defender sus intereses en la mesa con Estados Unidos. Lo relevante será observar si el proceso termina fortaleciendo la integración regional o añadiendo más barreras, porque de ello dependerá buena parte de la inversión tecnológica que reciba México en los próximos años.

Autor

  • Periodista

    Periodista de TI y Ciberseguridad | Analista de Transformación Digital, Canales y Negocios Tecnológicos en México y Latam.