El crecimiento sostenido del comercio digital y la adopción acelerada de servicios en la nube han aumentado la superficie de ataque disponible para el cibercrimen. De acuerdo con el Reporte de Ciberseguridad 2026 de Entel, los ciberataques a nivel global aumentaron un 47% durante el primer trimestre de 2025, y Chile figura entre los cinco países más afectados de Latinoamérica por este tipo de amenazas.
“Ya no existe una industria ni un tamaño de empresa que esté al margen del riesgo. Por eso nuestra recomendación es dejar de medir la seguridad solo por cuánto se logra prevenir y empezar a medirla por qué tan rápido la organización es capaz de recuperarse”, comenta María Luisa Acuña, Managing Director Cybersecurity de Accenture Chile.
A nivel global, el costo medio de una infracción de datos ya alcanza los US$4,45 millones, una cifra que explica por qué Accenture insiste en que levantar muros defensivos ya no es suficiente. En la actualidad, los entornos tecnológicos cambian constantemente y los métodos convencionales de respaldo se vuelven obsoletos con la misma velocidad. Por eso la compañía plantea un giro hacia la ciberresiliencia, entendida como la capacidad integral de una organización para anticipar, proteger, resistir y recuperarse de un ataque que compromete su negocio.
En la práctica, esa ciberresiliencia se construye sobre pilares que Accenture identifica como centrales en su propio modelo de trabajo: seguridad integrada desde el diseño (cubriendo infraestructura local, cargas de trabajo en la nube, contenedores y aplicaciones), visibilidad unificada que evita la fragmentación propia de los entornos multicloud, y capacidad de respuesta y recuperación activa que permite poner a prueba las defensas y anticipar amenazas emergentes antes de que se materialicen.
Este cambio de mirada implica que la infraestructura misma debe estar diseñada para seguir funcionando durante un incidente y no solo para evitarlo. En la práctica, eso significa contar con mecanismos que permitan aislar los sistemas comprometidos sin detener el resto de la operación, mantener accesibles los datos críticos mediante almacenamiento inmutable, y validar de forma permanente, no solo después de un ataque, que esa capacidad de recuperación funciona como se espera.
“La resiliencia no es un producto que se compra, es una disciplina que se entrena. Eso significa evaluar constantemente dónde están las brechas, probar la capacidad de respuesta antes de que ocurra un incidente real, y no asumir que la nube protege todo por defecto”, agrega la ejecutiva.
En ese último punto, Accenture es enfática. Aunque los proveedores de nube protegen su propia infraestructura, la responsabilidad de proteger configuraciones y aplicaciones sigue siendo de cada organización. Es, según la compañía, una de las brechas más comunes, y más peligrosas, en la adopción acelerada de servicios cloud.
“El volumen de transacciones digitales en Chile sigue creciendo y con eso crece también la exposición de cada empresa que participa de ese ecosistema. La pregunta que debieran hacerse las compañías no es si va a ocurrir un incidente, sino qué tan rápido su organización lo detecta, lo contiene y se recupera”, concluye Acuña.







