
Ante la posible intensificación del fenómeno de El Niño, la resiliencia energética está adquiriendo mayor relevancia para las empresas e industrias en México, pues, en un entorno meteorológico más variable, la capacidad de anticipar riesgos, proteger activos críticos y mantener la continuidad de las operaciones depende cada vez más de una gestión inteligente de la energía.
Fabián Vázquez Romaña, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), explicó que El Niño es resultado de una interacción entre la atmósfera y el océano que ocurre aproximadamente cada siete años y puede presentarse con intensidad moderada, fuerte o muy fuerte. De acuerdo con los registros más recientes, existe un 62% de probabilidad de que el fenómeno evolucione de una intensidad fuerte a muy fuerte, debido al incremento en la temperatura de las aguas del océano.
Aunque la evolución de El Niño no implica por sí misma que se producirán interrupciones eléctricas, sí subraya la importancia de fortalecer la preparación ante condiciones que pueden modificar la operación habitual de ciudades, empresas e industrias. Mientras que las autoridades monitorean variables meteorológicas y puntos críticos de infraestructura, las organizaciones también necesitan contar con visibilidad sobre el comportamiento de sus sistemas eléctricos para identificar anomalías y responder antes de que afecten sus procesos.
“Ante escenarios meteorológicos más variables, las empresas necesitan evolucionar de una gestión reactiva hacia una estrategia preventiva de la energía. La medición, el monitoreo y la automatización permiten conocer lo que ocurre dentro de una instalación, detectar desviaciones y tomar decisiones oportunas para proteger los equipos y mantener la continuidad de las operaciones”, señaló Daniela Rivas, VP de Power Products & Power Systems para México y Centroamérica de Schneider Electric.
Para las empresas, la resiliencia energética no depende únicamente de contar con suministro eléctrico, también se requiere asegurar que la energía llegue y se utilice en condiciones adecuadas, mantener estabilidad dentro de las instalaciones y anticipar variaciones que puedan afectar maquinaria, sistemas digitales, procesos productivos o equipos sensibles.
La digitalización de la infraestructura eléctrica permite trasladar la lógica de prevención al interior de las organizaciones, a través de sistemas de medición, sensores y plataformas de monitoreo, es posible conocer en tiempo real cómo se consume la energía, identificar desviaciones y actuar con mayor rapidez ante comportamientos fuera de lo normal.
Esta capacidad es particularmente relevante para plantas de manufactura, centros logísticos, hospitales, hoteles, comercios, edificios corporativos y centros de datos, donde una falla breve o el deterioro progresivo de los equipos puede traducirse en interrupciones, pérdidas operativas y mayores costos.
Una estrategia de resiliencia energética puede apoyarse en tres componentes principales:
- Visibilidad para anticipar riesgos: No es posible gestionar de manera eficiente lo que no se mide. Contar con información precisa sobre el consumo y el funcionamiento de una instalación permite detectar cambios, identificar puntos vulnerables y tomar decisiones basadas en datos antes de que una anomalía se convierta en una contingencia.
- Calidad de la energía para proteger los equipos: Las variaciones de voltaje, los desbalances y las interferencias eléctricas pueden afectar gradualmente el desempeño de maquinaria, sistemas electrónicos y dispositivos sensibles, incluso cuando no se presenta un apagón prolongado.
Supervisar y estabilizar la red interna ayuda a reducir el riesgo de fallas prematuras, prolongar la vida útil de los activos y mantener condiciones más consistentes para los procesos que dependen de la electricidad.
- Eficiencia para fortalecer la continuidad: Una gestión energética inteligente permite identificar consumos innecesarios, corregir ineficiencias y aprovechar mejor la energía disponible. Al integrar automatización y análisis de datos, los sistemas pueden adaptarse con mayor rapidez a cambios en la demanda y ayudar a evitar que una desviación menor escale hasta convertirse en una interrupción operativa.
Además de proteger la continuidad del negocio, la reducción de desperdicios energéticos contribuye a controlar costos y avanzar en los objetivos de sostenibilidad de las organizaciones.
La posible intensificación de El Niño representa una oportunidad para que las empresas revisen su infraestructura, identifiquen vulnerabilidades y avancen hacia una gestión más inteligente, eficiente y sostenible de la energía, la preparación debe extenderse a las operaciones industriales, comerciales y digitales de todo el país.
Daniela Rivas concluyó, “Desde Schneider Electric, la combinación de electrificación, automatización y digitalización permite acompañar a las organizaciones en el monitoreo de sus operaciones, la protección de equipos críticos y el fortalecimiento de su resiliencia, ayudándolas a responder con mayor preparación ante un entorno meteorológico y operativo más exigente”.






