A nivel global, el mercado audiovisual profesional pasará de US$332 mil millones en 2025 a US$402 mil millones en 2030, de acuerdo con la previsión IOTA 2025 de AVIXA. Esta proyección confirma una realidad que ya estamos viendo en las empresas: la tecnología del lugar de trabajo dejó de medirse sólo por los equipos instalados y empezó a evaluarse por su capacidad de mantenerse disponible, actualizada, segura y alineada con las necesidades del negocio.
Hoy, una sala de reunión que no funciona, una plataforma de colaboración que presenta fallas, un sistema de impresión desactualizado o una infraestructura tecnológica sin soporte oportuno pueden afectar la productividad, retrasar decisiones y deteriorar la experiencia de colaboradores y clientes. En grandes corporaciones, donde la operación depende de múltiples sedes, equipos, dispositivos y procesos, estas interrupciones dejan de ser incidentes menores y se convierten en asuntos estratégicos.
Por eso, la pregunta para las organizaciones ya no es únicamente si cuentan con suficiente tecnología, sino si esa tecnología realmente está siendo gestionada como un servicio. ¿Está disponible cuando el negocio la necesita? ¿Se actualiza de forma permanente? ¿Cuenta con monitoreo y soporte especializado? ¿Permite que las áreas internas de TI se enfoquen en generar valor o las mantiene ocupadas resolviendo tareas operativas del día a día?
En este contexto, la tecnología como servicio gana relevancia. Este modelo permite que las empresas accedan a soluciones actualizadas, soporte especializado, monitoreo, analítica y acompañamiento experto sin asumir internamente toda la carga operativa. No se trata solo de tercerizar tareas; se trata de construir una operación tecnológica más flexible, medible y preparada para responder al ritmo del negocio.
Desde Ricoh LATAM hemos visto que muchas organizaciones están avanzando hacia este camino porque necesitan simplificar la gestión de sus lugares de trabajo. Salas de reunión, sistemas de impresión, administración de dispositivos, plataformas de colaboración, infraestructura, automatización y ciberseguridad ya no pueden operar como componentes aislados. Todos forman parte de una experiencia conectada que debe funcionar de manera continua.
Nuestra apuesta es hacer accesible gran parte de nuestro portafolio bajo modelos de servicio. Esto incluye, por ejemplo Servicios Gestionados de Impresión (MPS), Equipos de Dispositivos como un Servicio (Device as a Service), soluciones Pro AV. Este último, es un servicio gestionado para salas audiovisuales que busca mantener actualizada y operativa la tecnología de colaboración, reducir interrupciones y mejorar la experiencia en espacios de colaboración para reuniones híbridas. Puede operar de forma remota, en sitio o bajo un modelo híbrido, según las necesidades de cada organización.
Su alcance incluye monitoreo proactivo y reactivo, soporte técnico, diagnóstico, reparación, analítica de salas, gestión de dispositivos y acompañamiento de personal especializado. En la práctica, esto permite que las salas estén listas al inicio de la jornada, que los sistemas de videoconferencia funcionen de forma consistente, que los incidentes se resuelvan con mayor rapidez y que las empresas tengan mayor visibilidad sobre el uso y desempeño de sus espacios.
Este tipo de servicios no reemplaza a las áreas internas de TI. Al contrario, les permite evolucionar. Las áreas de TI no van a desaparecer; están llamadas a ocupar un rol mucho más estratégico dentro de las organizaciones. Cuando un proveedor especializado se encarga de tareas operativas, soporte, monitoreo, actualización y gestión diaria, los equipos internos pueden concentrarse en innovación, seguridad, automatización, gobierno tecnológico, experiencia del usuario y transformación del negocio.
Esa es una de las principales ventajas de la tecnología como servicio para las grandes corporaciones: permite liberar capacidad interna sin perder control. La empresa puede mantener visibilidad, indicadores y estándares de operación, mientras cuenta con un socio que conoce las tendencias, recomienda la mejor tecnología disponible y acompaña la evolución del servicio.
Además, estos modelos ayudan a que la tecnología se mantenga actualizada. En un entorno donde las herramientas cambian rápidamente, contar con un proveedor que revise tendencias, anticipe necesidades y proponga mejoras es clave para no quedarse atrás. La tecnología como servicio permite pasar de una lógica de compra puntual a una lógica de evolución continua.
También ofrece mayor flexibilidad. No todas las empresas tienen las mismas necesidades ni los mismos niveles de criticidad. Algunas requieren soporte presencial, otras pueden operar de forma remota y muchas necesitan modelos híbridos. Lo importante es que la tecnología se adapte a la operación, y no que la operación tenga que ajustarse a las limitaciones de la tecnología.
Aquí es donde los lugares inteligentes de trabajo dejan de ser una aspiración y se convierten en una necesidad. Un lugar inteligente de trabajo no es simplemente una oficina con más dispositivos. Es un entorno donde las personas pueden colaborar, imprimir, reunirse, automatizar procesos, acceder a información y tomar decisiones con menos fricción, porque la tecnología está integrada, gestionada y disponible.
Las empresas que logren avanzar hacia este modelo estarán mejor preparadas para responder a las nuevas dinámicas laborales. Tendrán más visibilidad sobre sus recursos, mayor continuidad operativa, mejores experiencias para sus equipos y una capacidad más sólida para adaptar la tecnología a los objetivos del negocio.
El verdadero impacto de la tecnología ocurre cuando deja de ser una carga operativa y se convierte en un habilitador. Por eso, pasar de un lugar de trabajo tradicional a un lugar inteligente de trabajo es hoy una condición necesaria para competir, innovar y operar con eficiencia en un entorno cada vez más conectado. Más que cuestionarse si incorporar más tecnología, las empresas deben saber si están preparadas para gestionarla de forma inteligente, continua y estratégica.







