La inversión en IA entra en una nueva fase de exigencia financiera

Goldman Sachs proyecta que el gasto en IA de los grandes hyperscalers superará los US$500 mil millones en 2026. Patricio Campos, CEO de Resility, advierte que el mercado comienza a exigir eficiencia, retorno y una gestión más rigurosa de los riesgos tecnológicos.

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Patricio Campos

La inteligencia artificial continúa afirmándose como uno de los principales motores de inversión global. Ejemplo de ello es evidente a través de un informe de Goldman Sachs Research, el cual anticipa que el gasto de capital de los grandes hyperscalers (grandes proveedores de servicios en la nube), como Amazon, Microsoft y Google, podría superar los US$500.000 millones en 2026, impulsado por la expansión de infraestructura tecnológica y centros de datos a gran escala.

Solo en 2025, estas compañías ya destinaron entre US$300.000 y US$380.000 millones, lo que confirma que la IA dejó de ser una apuesta experimental para convertirse en un componente estructural de la estrategia corporativa. De hecho, las proyecciones de inversión para 2026 fueron revisadas al alza hasta US$527.000 millones. Pero el informe también advierte que los inversionistas están siendo cada vez más selectivos y comienzan a penalizar a las empresas cuya expansión deteriora la rentabilidad o se financia con mayores niveles de deuda.

Este cambio de escenario refleja una nueva etapa del ciclo de inversión. Para Patricio Campos, CEO de Resility, el foco del mercado ya no está sólo en la magnitud del gasto. “Hoy el escrutinio está puesto en la capacidad de transformar estas inversiones en eficiencia operativa, retorno financiero y resiliencia tecnológica. La infraestructura asociada a la IA es crítica y debe ser gestionada con criterios de sostenibilidad y seguridad”, señala.

Según el análisis de Goldman Sachs, los principales beneficiarios de este ciclo han sido los sectores de semiconductores, centros de datos, hardware tecnológico y energía, cuyos rendimientos bursátiles han superado el crecimiento esperado de sus utilidades. En contraste, el impacto económico del software y los servicios basados en IA aún no se refleja plenamente en los resultados financieros, lo que mantiene cierta cautela en el mercado.

Campos advierte que esta brecha también responde a una adopción acelerada que no siempre va acompañada de una estrategia integral. “Muchas organizaciones están incorporando IA sin una gobernanza sólida de datos ni una mirada profunda sobre ciberseguridad. En un contexto de amenazas cada vez más sofisticadas, estos factores pueden convertirse en riesgos operacionales y reputacionales relevantes”, sostiene.

Pese a la volatilidad y a las alertas sobre una eventual burbuja, las grandes tecnológicas como Apple, Nvidia, Alphabet, Amazon y Microsoft continuaron liderando en 2025 los principales índices bursátiles. A largo plazo, las perspectivas siguen siendo positivas: un estudio de IDC estima que la adopción de IA aportará cerca de US$19,9 billones a la economía mundial hasta 2030, equivalente al 3,5% del PIB global.

El desafío, concluye Campos, “será equilibrar la velocidad de inversión con rentabilidad, seguridad y confianza en esta nueva fase del desarrollo tecnológico”.v

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