Luz en la oscuridad: cómo la Inteligencia Artificial puede transformar las compras públicas

Por Iván Addolorato, CTO & Co founder en Ethix.

107

En la Argentina, hablar de licitaciones públicas suele despertar suspicacias. No por casualidad: durante años vimos cómo los procesos de compras del Estado quedaban envueltos en una neblina de burocracia, papeles mal escaneados y normativa confusa. Pero también sabemos que detrás de cada pliego mal armado, detrás de cada fotocopia ilegible, hay algo más profundo: una oportunidad. Una posibilidad real de cambiar las cosas. De hacerlas bien. Y en ese camino, la inteligencia artificial puede ser la aliada que tanto nos estaba haciendo falta.

Hace unos meses, desde nuestro equipo en ETHIX, recibimos una consulta que nos desafió como pocas. Una concejala de una localidad del interior se acercó preocupada por una licitación pública destinada a una obra vial. Había sospechas de direccionamiento: requisitos sospechosamente específicos, documentación difícil de interpretar, y sobre todo, un proceso que dejaba más dudas que certezas.

Al comenzar a trabajar, nos dimos cuenta de que estábamos ante un obstáculo mucho más grande de lo habitual. Los documentos clave no eran archivos digitales estructurados: eran imágenes de fotocopias borrosas. Normativas citadas como recortes sueltos. Definiciones legales embebidas en PDFs escaneados sin orden, sin posibilidad de búsqueda ni procesamiento automático. Lo que en condiciones normales sería cuestión de minutos, se volvió una tarea casi artesanal.

Pero fue justamente ese desafío el que nos obligó a crecer. Tuvimos que adaptar nuestra plataforma, modificar nuestros modelos, implementar nuevas formas de interpretar imágenes y reconstruir contexto legal a partir de fragmentos incompletos. Fue un proceso intenso, pero necesario. Y gracias a eso, no solo logramos procesar toda la información, sino que además mejoramos la precisión de nuestros análisis para los casos que vinieran después.

En menos de cinco minutos —una vez resuelto el nuevo enfoque técnico— pudimos generar un informe claro, completo y fundado. No solo detallamos el grado de cumplimiento de la normativa aplicable, sino que también señalamos patrones que podrían indicar posibles irregularidades. Todo esto, con evidencia en mano. Sin conjeturas. Sin vueltas.

Este caso no es una excepción. Es un síntoma. Y también, una señal de esperanza. Porque si pudimos resolver un proceso tan opaco, en condiciones tan adversas, lo podemos hacer en cualquier rincón del país. El Estado —y también muchas empresas— necesita herramientas que pongan luz donde antes había oscuridad. Que conviertan burocracia en información útil. Que permitan controlar sin frenar. Y que le devuelvan a la ciudadanía algo tan simple y tan necesario como la confianza.

Hoy, con la tecnología adecuada, podemos transformar procesos que antes parecían impenetrables. Podemos ayudar a que los recursos lleguen donde tienen que llegar. Y, sobre todo, podemos demostrar que la transparencia no es una utopía. Es una decisión. Es trabajo. Y es, también, una forma de cuidar lo que es de todos.

Autor