Las inversiones en transformación digital en el mundo alcanzarán los 6.8 mil millones de dólares para el 2023, según la consultora IDC. Más allá de la decisión de las distintas instituciones, públicas y privadas, de ubicar a la tecnología como eje de sus estrategias, estas tendencias de explorar nuevos desarrollos también van desde el consumo digital de las personas hasta, por ejemplo, la automatización de sus hogares.
Durante 2020, el consumo de datos móviles se incrementó en un 59% en comparación al año anterior, según Entel. Uno de los principales destinos fue el uso de streaming, que en Chile se llevó a cabo a través de más de diez plataformas y en todo el mundo ya alcanza a 850 millones de hogares.
Además del entretenimiento y las facilidades diarias, el avance tecnológico supone beneficios económicos: crecimiento del PBI de los países, optimización de los procesos y reducción del impacto ambiental.
Ahora bien, la multiplicación de conexiones también significa una mayor exposición a los ciberataques. Lo que parece un bagaje interminable de soluciones que podría virar hacia un problema estructural sensible. Durante 2020, hubo 2300 millones de intentos de hackeos en Chile, arrojó Fortinet. Pero hay un dato que muestra cómo el incremento se da constantemente, incluso mes a mes: más de la mitad se llevaron a cabo entre octubre, noviembre y diciembre, mientras que durante el primer trimestre de 2021 aumentó un 37%, según NovaRed, organización especialista en ciberseguridad.
La amenaza es por la pérdida de información y costos económicos. Los delitos digitales podrían superar el 1% del PBI de algunos países, y en aquellos donde se ataca infraestructura más sensible podrían alcanzar hasta el 6% del Producto Bruto Interno, dice el Banco Interamericano de Desarrollo.
Está claro que es inminente la necesidad de profundizar este tema en la conversación pública. Si bien el país presentó un Plan Nacional de Ciberseguridad aún hay un largo camino por recorrer. En Chile, menos del 38% de las empresas tenían políticas adecuadas, según un relevamiento de Entel en 2020. La lógica de la mayoría de las empresas de la región es que se innova en tecnología para muchos procesos, pero no se mejoran los sistemas de ciberseguridad.
Ante este accionar cada vez más recurrente, el Foro Económico Mundial advierte que los ciberdelitos están entre las 10 problemáticas globales más importantes de cara al futuro, y que la tendencia seguirá creciendo.
Ante esto, las organizaciones deberán avanzar hacia un nuevo paradigma: acompañar a la transformación digital con innovación en ciberseguridad para tener una estrategia de seguridad a lo largo del ciclo de vida completo. Al igual que nadie consideraría llevar a su familia en un auto el cual fue construido sin elementos de seguridad, todos deberíamos dudar en poner los datos de nuestras familias en aplicaciones que no hayan seguido estas consideraciones.
A partir de inversiones en tecnología que incluyan una perspectiva de seguridad digital, se podrá construir un escenario de oportunidades concretas. El país cuenta con el talento y la infraestructura académica para afrontar el desafío mundial de la transformación digital con pasos firmes. Sin embargo, no hay que redundar en el vicio de innovar los procesos dejando en un segundo plano a la seguridad digital. De ser así, lo que parece una certeza se transformará en un boomerang.
Chile aún está a tiempo.







