Por Dr. Diego Di Giorno, Director Comité de Tecnología de WCA
La problemática del fraude y la corrupción en la industria del Retail es tan diversa y abarcativa como lo son los actores intervinientes, los productos afectados y las operaciones y procesos que se desarrollan dentro del mismo. Tal es así que, al aumentar el número de transacciones, exponen a la industria por encima de la media. Solo es dable imaginar la cantidad de operaciones que en el día a dia se enfrenta una empresa que ofrece sus productos en forma online y presencial, con otra industria que lo hace bajo la forma tradicional.
Existen maniobras de fraude y corrupción que a diario se enfrentan dentro de la industria:
1.-Compras/importaciones de productos o materias primas que contienen un porcentaje de productos deteriorados u obsoletos por encima del promedio.-
2.- Triangulaciones a través de proveedores en beneficio de algún empleado de la empresa.-
3.- Conflicto de intereses no declarados en beneficio de amigos o parientes en perjuicio de la empresa.-
4.- Contratación de servicios no prestados o innecesarios.-
5.- Contratación de servicios y/o erogación de gastos en locaciones remotas de difícil control.-
6.- Sofisticadas campañas de comercialización y marketing con controles de difícil realización, ya sea por la intangibilidad del precio de una idea o por la logística desplegada en múltiples locaciones.-
7.- Sabotaje a través de la modificación intencional de ofertas online, tanto en el precio de los productos como en las condiciones de venta.-
8.- Fuga de información confidencial para la comisión de delitos diversos como el robo de mercaderías y usurpaciones de identidad de clientes.-
9.- Fallas en las validaciones de identidad en operaciones de comercio electrónico.-
10.- Compras de paquetes turísticos para una inmediata utilización realizada con tarjetas de crédito robadas.-
Argentina, el 8 de noviembre del año 2017, sanciona la Ley de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas, publicada en el Boletín Oficial el 1 de Diciembre del año 2017, y entrando en vigencia el 1 de marzo del año 2018, obligando a las empresas del Retail entre otras a tener un Plan de Integridad adecuado a la necesidad de la organización.
Desde la sanción de la ley de Responsabilidad de las Personas Jurídicas, obliga a las organizaciones (Pymes, Distribuidores, Multinacionales / Retailers) quienes quieran ser contratadas por el Estado en contrataciones de cierta envergadura, a tener un Programa de Integridad adecuado a su composición corporativa.
Un plan de integridad necesita profesionalismo y dedicación exclusiva, tal es así que no está siendo cabalmente comprendida por algunas empresas las cuales optan por alocar su gestión dentro del ámbito de la auditoría, cometiéndose un doble error; confundir al perfil del especialista en fraude con el de un auditor y el segundo e igualmente importante reducir a la mínima expresión las chances de éxito al no gestionarse en forma continua las actividades de procedimientos y controles sobre los riesgos de integridad que impactan en la compañía.
En la industria del Retail, el responsable del programa debería planificar un modelo de control específico por cada uno de los procesos más críticos entre los que no podríamos dejar de mencionar a recursos humanos, E-commerce, logística, IT, cuentas a pagar, comercio internacional y seguridad patrimonial, área esta última con un muy bajo nivel de control, apoyado seguramente en el desconocimiento del management, la cual maneja grandes presupuestos en contrataciones de servicios y custodias.
Como parte del marco de un análisis profesional deben entenderse, asimismo, las modificaciones sustanciales que está atravesando la industria desde hace unos años. La compra física o presencial va cediendo espacio a la venta online. La logística se multiplica, se automatiza y comienza a jugar un rol clave dentro de la cadena de valor del sector. La comunicación y comercialización, a través de los canales apropiados para acercarse a los potenciales compradores, también están inmersos en este proceso denominado “la era de la Digitalización”. Tal es asi que las empresas redireccionan sus estrategias y sus acciones aumentando e invirtiendo importantes sumas de dinero para impulsar sus canales de ventas digitales y omnichannels. Este proceso, por lo general, se acompañará con el rediseño de todas las páginas web, y pretende hacer foco en mejorar la experiencia de compra adecuándose al mercado actual, entregando el producto en la casa de los clientes con la mayor cobertura geográfica posible, y pudiéndose pagar en forma fácil desde la computadora hogareña a través de diferentes medios de pago.
Integridad y transparencia son una condición “de negocio” que cada día cobra más relevancia a nivel local e internacional. Las compañías, en mayor medida, están adaptándose a sus reglas no solo por el rápido e inmenso daño reputacional que le puede ocasionar un evento de estas características en un tiempo inimaginablemente corto, sino también porque el hecho de contar con un Programa de Integridad parece imponerse como una condición mandatoria y, sin duda alguna como un rasgo distintivo y necesario para aumentar el valor “equity” de la compañía y tener acceso a financiaciones gubernamentales e internacionales.
En la actualidad gran cantidad de empresas tecnológicas no comprenden la importancia que representa tener un programa de integridad adecuado a sus necesidades, rechazando reconocer la existencia de un problema que abarca a todos los interlocutores del sector.







