La pandemia aceleró el proceso de transformación digital

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Por Tadeu Viana, Director de Ventas para América Latina y el Caribe en Corning

De repente estamos experimentando una nueva normalidad. En todo el mundo, la pandemia de COVID-19 nos ha colocado en una realidad muy diferente, nos ha obligado a adaptar los hábitos diarios y a buscar otras formas de trabajar, comunicarnos e incluso divertirnos. Las escuelas y universidades cerradas, los viajes cancelados, las aglomeraciones prohibidas, entre otras limitaciones, dejaron muy en claro que la Transformación Digital nunca ha sido tan prioritaria como lo es ahora.

De hecho, el coronavirus ha actuado como un catalizador, acelerando el proceso de transformación digital en todos los aspectos de nuestras vidas. Si pensamos en el mercado laboral, las empresas se vieron obligadas a adaptar la oficina en la casa y a revisar sus modelos de negocio prácticamente de la noche a la mañana, mientras que a nivel personal, transformamos nuestros hogares en estaciones de trabajo remotas y nos vimos obligados a revisar nuestras relaciones comerciales y a cambiar nuestros hábitos de consumo para volcarnos hacia el  comercio electrónico. Según indican los últimos resultados obtenidos por la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), las ventas por Internet aumentaron un 84% en el mes de abril, en comparación con un mes promedio del primer trimestre de 2020.

Pero quizás el ejemplo que más representa el avance de la Transformación Digital es en Educación. EAD ha demostrado al mundo que puede remodelar los estándares de los estudiantes y el formato que hemos experimentado en los últimos siglos, ya que el acceso a distancia supera el estigma de la calidad de los cursos on line, además de difundir el conocimiento y la información a nivel global.

En este sentido, las herramientas actuales nos permiten eliminar algunas de las barreras que nos retenían a los viejos hábitos. Ya tenemos un software que puede evaluar la productividad de una colaboración a distancia o aplicaciones que garanticen que el contenido de calidad llegue al alumno, incluso fuera del aula. Por ejemplo, en el caso del portal Educ.ar,  Enacom acordó con los operadores que los contenidos del sitio no consumieran datos. Y Arsat proveyó la infraestructura para contar con el ancho de banda necesario: los usuarios del portal aumentaron un 800% en estos meses, alcanzando 1 millón de usuarios mensuales.

También la capacitación corporativa comenzó a realizarse en línea, a través de contenidos y portales bien producidos, que garantizan la interacción y el aprendizaje del usuario. Otro punto positivo es la disminución de los costos relacionados con la logística y la organización, que pueden eliminarse.

Y eso nos lleva a pensar en el hecho de que este proceso de transformación no ocurrió de la noche a la mañana. Cuando se trataba de la transformación digital, siempre nos enfocamos en el mañana, pensando en las tecnologías por venir y las pruebas infinitas que podríamos ejecutar, de manera estructurada, para implementar estas soluciones que cambiarían nuestra rutina tal como la conocíamos. La verdad era algo diferente. Sin otros «mañanas» para llevar a cabo las pruebas, nos vimos obligados a usar lo que teníamos a nuestra disposición y descubrimos que era suficiente para lograr un progreso significativo en varios frentes.

Todavía estamos en el inicio de este cambio y es tan importante decidir el alcance y el cómo llegamos allí. Estamos utilizando las herramientas de hoy para hacer posible el mañana, pero necesitamos trabajar y desarrollar una infraestructura que sea suficiente para respaldar estos avances y hacer que esta realidad sea tangible. Si antes el contenido se mantenía sólo en los servidores de las empresas, ahora la información viaja entre los hogares y los entornos corporativos y este tipo de tráfico requiere conexiones más estables, rápidas y completas. Y es esta necesidad la que coloca la fibra óptica como una parte fundamental de la transformación digital. Sin ella, no podremos avanzar en este modelo de transformación o lo haremos de manera no inclusiva. Si la fibra se restringe a una porción de la  población con mayor y mejor acceso, no habrá una transformación real. La realidad del cambio radica en su inclusión a la sociedad por completo, garantizando el acceso para todos. Y ese hecho requiere fibra en todos los hogares.

Con la ruptura de esta barrera, un dato es seguro: COVID-19 cambió las reglas del juego y no habrá retrocesos en las casas ya avanzadas. Si la digitalización alguna vez fue una ventaja para algunas empresas e industrias, ahora se ha vuelto esencial. Nuestro papel como guardianes de esta transformación es proporcionar la infraestructura necesaria para que la democratización de la información se convierta en una realidad en nuestro país.

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